domingo, 22 de agosto de 2010

2


Me mantengo ahí.
Con mis dedos sosteniéndome los labios.
Derritiendo el aire a mi alrededor.
Estoy lista.
Enlazo mi cuerpo con esto que sale,

que se dispara y que no me detiene

aunque lo miro inmóvil, impactada.

Alineado con el cáos.

Enamorada de su incoloridad,

la imaginaria presencia,

la segunda voz muda.

Mis párpados se caen porque mirar no sirve de nada.

Se caen y me encierran en un lugar que no termina.
Se me inyecta.

Corre por mi piel y me curva.

Tiemblo intimidada, cada segundo sorprendida.

Porqué existe, porqué vino a mí...

Porqué me deja reflejarla en mis manos

ahuyentadas del mundo y su corriente polvorienta.
Encontradas por mí, en este movimiento, en esta vida.
Vertiginosa sin forma.
Llena de hermosas sombras,
tan única en cada universo.

Mis manos fugitivas la tomaron con el cariño que yo no he sabido dejar salir jamás

y nunca llegaron a tocarla...

Me quedo pues.

Elijo este momento para el resto de la vida.

Yo me arrastro ahora.

Yo me ahogo.

Yo no puedo estar tranquila.

Yo me enamoré de esta forma.

Del vaivén que lleva mi pulso,
que me hace caer,
insistir, enojar, llorar,
volver a insistir,

morir, morir, morir

y seguir insistiendo,
aunque nunca llegue, insisto.




Delfina

No hay comentarios: