lunes, 20 de octubre de 2008
TE CONTARÉ UNA HISTORIA, AL SON DE GARDEL.
Era mágico verte enredar tus piernas con las de tú compañero al son de esa melancólica voz de macho tanguero. Hace la maraña pues niña, te repetía corrigiendo tu maestro de pelo cano y voz aflautada, sin embargo tu subconsciente sabía que debía ejecutar ese movimiento, y no lo hacías por que las enamoradizas ideas se aglomeraban en tú cabeza como las abejas en la miel y las moscas en la caca. Recordabas a cada vuelta, a cada milonga a ese hombre que te había conquistado y luego desechado, que te amó y se confundió, por ese amor perpetuo que había tenido en su barrio de Macul. Deseabas que el larguirucho bailarín que te acompañaba en las hazañas acrobáticas de tú danza trasandina, adquiriera su robusto cuerpo, su porte gallardo y aquellos bellos rizos color de trigo que poblaban su enumerada cabeza. Deseabas que él fuera ese hombre, deseabas nombrarlo a oído y enganchar tú pierna en esa entrepierna de muslos gordos por tanto deporte. Lo añorabas pero lamentablemente no se encontraba ahí, y lo único que podías oír era la voz aguda de tú profesor que se alzaba sobre tu loco idilio adolescente diciendo, ya pues niña, si no me tanguea bien, la echo y buscamos a otra dama para que nos deleite con el frenesí Argentino de la cumparsita.
Thomas Astorga
la noche en el saco
Los nervios de estar apunto de llegar…ese olor distinto del aire distinto…es para mí como volver a casa cada año, claro…es el lugar donde debería haber nacido. Mis términos suelen coincidir con el término de la vida en la ciudad, el relajo y el sol, es por eso que siempre llego limpia a este lugar, sola y renovada, o al menos con todas las intenciones de renovarme y volverme a equivocar mas tarde. El Pacífico es helado y refresca los pensamientos, hiela las ideas. Me sentía libre y apetecida. Será porque el verano alimenta la autoestima, será porque está lleno de colores y poca ropa. Será porque hacía muchísimo calor. Será porque habían crecido mis intenciones con la vida y el día a día y me conformaba cada vez menos y quería siempre algo más.
Un día, en una de esas conversaciones estúpidas de la noche con unos pocos grados y gente cantando en el ambiente, se unen grupos, gentes y apareció. Un tipo que se comportaba como un mosquito en los oídos. De esos con horror vacuo. Unos ojos relativamente pequeños y mirada verdadera, lleno de amigos nunca tan amigos, hechos nunca tan reales y memoria nunca tan precisa. Insistente, me molestó que me gustara su jugueteo infantil con un toque de intención. Lograba que me diera cuenta de que no me provocaba porque sí. Muy bien pensado…Tenía mucho tiempo para pensar, así que el episodio ocupó mi mente todo el día siguiente. Un poco de intriga, un poco de goce, un poco de eso que se siente cuando alguien vulnera el límite de la confianza, con mi consentimiento, casi. Con los días caía en su juego de niño y se hacía a veces hasta necesario. Antes de pisar cualquier lugar me aseguraba de que estaría allí para molestarme. Cuando la jornada era en familia, nos divisábamos de lejos. Estábamos siempre presentes para el otro, indirectamente juntos, tratando de sincronizar nuestros movimientos. Cuando iba a comprar helados pasaba por donde mejor me viera para que inventara en su cabeza una escusa que lo trajera a mí. Y aunque se esforzara por llegar, su actitud era siempre desafiante y me provocaba ganas de golpearlo. Nuestros diálogos no eran más que ironías burlonas que usábamos para ocultar el real deseo, las ganas irremediables de encontrarnos con ese momento en que ya no podríamos comportarnos como dos perros nuevos y quedara implícita su madurez, su cara de hombre ya sin chistes ni pendejadas, su cara de hombre mirándome, desafiándome otra vez, con ojos de que encontró la mujer que estuvo desenterrando todo este tiempo, la inmadura que seguía sus juegos ya con la paciencia colmada y ganas de definir. Frente a eso sólo quedaba abrir y cerrar los ojos, despabilar, dejar de imaginar tonteras y responderle a “ese imbésil” su inmadura falta de respeto. Ir a dormir después de algo así era frustrante y, la verdad, fue duro reconocerlo. Era vicioso el sentimiento de odio con olor a deseo. La imaginación no me dejaba dormir, me ponía ansiosa, no sabía si lo que estaba pasando era realmente lo que estaba pasando. Bien… un día lo supe. Sentada en esa plaza café con las gentes fueron pasando cosas que nos dejaron a él y a mí esperando en un sitio a alguien que probablemente no llegaría y a quien probablemente no era necesario esperar. Sin declarar para que no fuera una humillante derrota, aprovechamos la soledad que cada uno a su manera buscó… Como siempre, peleando casi a golpes y yo ahogada en mi afán, prácticamente tropecé con su boca. Y así, tropiezo tras tropiezo, me vi. Estaba enredada en un saco de dormir con “ese imbésil”, transpirado, mirándome con risa y ansiedad, con ojos de “te tengo, te encontré mía”, jadeando, yo buscando desesperada, descubriendo emocionada, jugando otra vez con él, pero con otra cara y otro clima aún mas caluroso. Quitándome la ropa como si estuviera en llamas quemándome la piel. Ninguno fue capaz de decir algo inteligente. Ni algo tonto. Simplemente nos callamos impactados e inquietos con lo que estaba pasando. Pensando cosas que no nos daban ninguna respuesta y mas que pensando, estábamos un poco viciados con la idea de seguir, no dejar pasar mas minutos, ridículos minutos, si no había mas que hablar, no había otra cosa que hacer que fuera mejor que lo que estábamos haciendo. Una más…otras más…aquí, allá…
Al final de todo…llego el momento de ser sincera y reconocer que fui yo la que lo besó, la que le quitó la ropa y ocupó su cuerpo como una herramienta. Una herramienta para conseguir placer y conseguirlo a él, y siendo imposible decírselo así, tal cual, me abalancé sobre su torso y descansé, y lo hice descansar con caricias y besos. Me dediqué con más paciencia a mirar su forma y la mía, sin decir una sola palabra. Me abrazaba, buscaba en mí las sombras para besarlas. A veces, cuando lo recuerdo, siento que quizá le obsesionaban las partes donde la piel es más frágil. Tampoco intentó decirme algo, no intento cambiar las cosas, ni explicarse nada, porque lo más probable es que, como yo, se sinceró consigo mismo. Presiento que nos hubiésemos quedado en ese saco toda la noche y el resto de nuestras vidas probando y saboreando de a poco cada combinación de su cuerpo con el mío, pero no había nada más que lo que habíamos hecho y era suficiente, si ninguno quiso hacer una declaración, una frase siquiera, algo que definiera lo que pasó para poder intuir que venía después.
Es curioso que estas cosas pasen siempre al final. Cuando se es niña, siempre se declaran los viernes…bueno pues para el lunes ya estará demasiando meditada la historia como para encontrarla siquiera interesante.
En la mañana voy al baño y me toca pasar por su sitio. Que hondo vacío y que grabada rabia tengo al recordar el momento en que pestañeo para convencerme. La familia histérica y apurada, unos hacen por acá otros por allá, guarda esto, bota aquello, dónde está! Dile que se apure ya nos vamos, termina ya con el juego y arma tu maleta. Su viaje ya era de vuelta. Que ganas de llorar. Que ganas de llevármelo y hacer el amor de nuevo. Otra y mil veces hasta sentir asco y no perder. Y recuerdo claramente que la noche anterior no quería que me hablara…tanto lo deseé que se dio cuenta? Tanto que no me dijo algo como… “me voy…”. Se fue…y hasta hoy es un símbolo de lo que deseo. Un refrán hecho carne. Nunca volví a omitir mis ganas, ahora hablo, breve, pero hablo y sobre todo asumo cuando quiero ir. A la cama.
Delfina.Imaginate… solo bailas, no sabes con quien o quizás alguna vez lo viste pero no estas segura de su nombre… bailas con él y te aprieta tanto que no te puedes negar, eres frágil a ese tipo de protección, no deja que nadie mas te toque eres solo para él sin ser pedida, nisiquiera puedes moverte, no puedes continuar tu baile…
El es tan egoísta que te aleja de la turba que los aplastaba, te pierde entre grandes y fríos edificios que crees conocer mas que a él… el se va y tu sentada en la oscuridad deseas con fuerza que ese desconocido te envuelva como cuando bailaban, parece que tus suplicas son oidas y el aparece, vuelve tu miedo, se te acerca, se sienta a tu lado buscando la pose mas cómoda para poder tocarte sin que nada le moleste, y tu fragilidad vuelve, que vas a hacer contra eso, eres así.
Esta vez puedes probar con toda tu boca esos besos, que en el baile se distorsionaban, ahora le vez la cara, y piensas “es apto para mi” … caes en el caliente juego de creer que eres virgen, como alguna vez lo fuiste, solo para ver como lo hace…
Pero como aun no sabes quien es y el frió sobre pasa la calentura por un desconocido, le pides una caliente cama, porque cuando dices” vamos a otro lugar aquí hace frio”, es porque mueres por la intrigante cama de quien no conoces.
Caminas por calles que no sabes a donde te dirigen, solo sabes a donde vas, en el camino, si no esta ebrio, te habla bellas cosas o quizás te cuenta de su vida, porque piensa que eres una de tantas, que sigues con el estereotipo y que por lo tanto esperas saber de él como se llama su mamá, si tiene hermanos, si tiene perro y esas cosas que en realidad no te dejan saber con quien te vas a acostar (a menos que te quieras acostar con su mamá).
Por fin llegas, sí es lo que esperabas para alguien que vive solo, el espacio esta vacío, ¿Qué es lo único que hay?... una cama, que mas esperabas si te quieres acostar con él, no le quieres cocinar.
Esto es lo mejor y mas estúpido, miras por la ventana, dices cosas como que bellos se ve santiago desde aquí, que es eso que se ve allí… eso no te importa, si estas en ese lugar no es por la vista, por lo menos no la de Santiago…
Vuelve la cercanía, esta vez sin música y por supuesto como es bueno sin protección, ya estas con un desconocido ¿de que mas te puedes cuidar?, solo te preocupas de estar cómoda, de que te saque la ropa y se vea bien, pero lo mas importante es que sepa sacarla, sepa tocarte y tu solo disfruta y juega como quieras porque es lo que has querido desde que bailabas….
Despiertas y ya lo viste… que rico denuevo y por última vez en la mañana, así te vas con el trofeo del pelo mojado…
¿Amar o seguir?

Han pasado siete años desde mis brazos envolvieron a un hombre desnudo, con piel blanca y acento argentino, lo que paso a formar parte de mi exquisita existencia. Ha pasado un año desde que mis piernas envolvieron un frágil un cuerpo oscuro, superando pruebas de distancia, confianza, lealtad. Han pasado cinco años desde que besé por primera vez a una mujer y pude tener en mis manos pechos que no eran míos y llevo una semana sin hacer el amor, sin amor.
Lo besé, a eso de las ocho de la tarde, un dieciocho de julio, entre árboles con sus perfumados céfiros y a nuestros pies, una alocada urbanidad que esperaba con locura por nuestro descenso para envolvernos en sus fuliginosas calles, para soñar con cada nuevo anochecer. Y así permanecimos 548 días. Hasta que me levanté del banco de suplentes y corría por las calles para saber noticias de aquél que dócilmente sacaba a su novia de sus manos como un guante.
Esa historia finalizó, dejando reminiscencias descomunales en la vida del resto, en su vida, que se halla grabada tras un pecho amplio y claro, en la vida de ella, que aguardaba por la ventana de su cuarto cada noche que le hacía el amor a quien fue suyo, pero que desde un momento la vida me lo prestó.
Alguna vez le dije: “Ahora que estoy tranquila puedo redactar todo. Ahora que la lluvia va enlodando los malos recuerdos, recién puedo sentarme a redactar. Desde hoy que puedo contestar pacíficamente el teléfono, puedo conservar tus mensajes como un regalo. No sé si actué muy tarde, lo hice mal, pero me siento, literalmente, como una novia que huyó de la iglesia. Sí, lo es, es divertido, siento que corro por las calles con el ramo y a veces se me enreda la cola en los pies. A veces creo que hice mucho daño, a alguien que no lo merecía –y en tu caso es similar-, pero ¿quién imaginaria que un simple virus lograría contagiarnos a tal punto de dejar atrás todo para reencontrarnos con sí mismos?
Extraño, ni en la más cursi película de amor nos semejamos a los protagonistas. Es porque somos reales, yo puedo tocar tu piel, tu puedes ver mi sonrisa, yo puedo estuchar tu voz… puedo sentirte, y ser sentida.
Así fue, aquel domingo en el cual en mi cabeza rondaba un nombre, miraba el techo… en el cielo no están las respuestas, sino en la tierra (se asemeja mucho a una frase filosófica, pero la inventé yo), en el techo no están las respuestas, ni tus manos, ni tu nombre. Sólo pendía una duda, una pequeña inquietud. A la hora siguiente, la inquietud estaba disipada. Y comenzaron los problemas. Tal vez no sea necesario que los redacte, ya que sabemos muy bien lo pedregoso de este camino. Pero ya di rienda suelta a quedarme contigo, a seguir tus ideas. A Javier lo quería, pero ya no era lo mismo de antes. Y lo sabes, la rutina me crucifica, me hierve la sangre al predecir los sucesos –al menos los cotidianos, los más obvios-, esa táctica barata de seguir el orden lógico de las cosas. Esa ideología machista y poco interesante fue colmando de vacío lo que debía progresar. Y estaba todo bien. Dentro de esa semana, agendamos almuerzos familiares, reíamos con las copas en la mano y posábamos felices para el álbum de fotos. Pero, silenciosamente desaparecía de su lado y leía tus mensajes, y alimentabas cada vez ese deseo de saber que sucedía entre nosotros.
Era algo tan especial mirar tus ojos, y no como todas las canciones de amor lo dicen “veo algo”, sinceramente, no veía nada, porque no había nada concreto. Tu con ella, yo con él, y nosotros, peor que relato de teleserie de Televisa, o algo similar, pero era tan excitante este juego, algo tan limpio, que cada vez crecía. Pero hubo un instante en que la intriga frenó. Decidí no hablarte más, decidí hacerle caso a la sociedad, y a las “buenas costumbres”, a la sencillez de mi relación, lo que mi anillo de oro me señalaba en la mano derecha.
Pero necesitaba un cambio, y realmente un cambio profundo. Él colmaba mis sitios libres, era mi entretención, un lugar para descansar, un futuro asegurado, en cuanto a estabilidad se refiere. Pero estaba yo al centro, sin saber que decir. Puedo parecer una mujer fuerte, como lo haz señalado por estos días “con carácter”, pero por dentro soy como un pez de agua fría, que al tocar sus escamas huye, sin mirar atrás, tengo un lado muy sensible que solo por estos tiempos he podido dedicarlo a la danza, a la poesía y observar lo intrascendente. Cosas que nadie nota, sentir el agua, percibir sonidos que se crean a los lejos, pero volviendo al mundo de lo material no estaba segura del más vulgar paso, era el ortocentro de una circunferencia de fuego: si intentaba escapar, me iba a quemar.
Decidí descansar sobre la idea de que podría llegar a saber algo de ti. Te prohibí, indirectamente, todo contacto, hermeticé cada agujero, para que no pudieras entrar, pero al más mínimo estímulo, es como arroz en tiempos de hambruna. Un deseo muy delicado por estar a tu lado, un deseo muy caliente, porque era algo prohibido.
Y ahí estábamos, sentados, uno al lado del otro, hablando, hablando y bla, bla, bla. Las ideas de nuestras cabezas no era lo que reflejaban las palabras. Hasta que te pregunté que hacer. Me respondiste nervioso, me pediste un abrazo. Ahí caí. Ese instante fue crucial. Simple, un abrazo. ¿A quién le basta con un abrazo? Es como una carísima joya dentro una cajita, tus brazos de hombre, tus hombros grandes, me deje caer como Alicia en su utópico país, tal vez como una gota de lluvia, que cae rendida al suelo, sin mas rumbo que esperar a que la tierra la absorba. Mágicamente, es como si todo se hubiese detenido, tu calor, tu respiración y de pronto un beso. Muy delicado para haber esperado tanto, muy suave para ser algo prohibido…
Y partimos en busca del final, me sentía como Maria de “Palomita Blanca”, con Juan Carlos en el auto. Y te fuiste por el camino largo, imagino que esperabas la luz roja, para poder acercarte, y yo esperaba que el viaje se hiciera eterno, algo así como un rapto.
Cada vez empeoraba mi relación, las peleas eran frecuentes y cada noche que le acariciaba su cabello imaginaba el tuyo, claro, rizado. Cada vez que tocaba sus manos imaginaba las tuyas, grandes, fuertes. Y al abrir mis ojos estaba frente a mi lo mismo que veía todos los días. Que me llamaba del teléfono que estaba fuera de la facultad, que a las 10 sonaba el teléfono, que el sábado me despertaba para avisarme que iba a trabajar y que antes de que llegara el fin de semana debía inventar una sustanciosa excusa para no salir con sus amigos al mismo bar rancio heterosexual de siempre. Pero ese beso fue decisivo, fuiste tu quien hizo cambiar mi postura y cruzar el fuego. Abrir mis espacios, colmarlos de mi, priorizar mis actividades, llamar a viejos amigos, preocuparme de mi familia, estar en casa. Y debo hacerlo, ellos pronto marcharan a vivir lejos de mí y de mi ambiente. Mientras me muevo en la humedad de la ciudad, ellos estarán trabajando la tierra y disfrutando del bosque, de la laguna y del esplendor del mar. Mientras progreso y trabajo cada día por lograr mis sueños y sentir el placer de realizarlos, sentir como quien va sobre el carrito hacia la cúspide de una montaña rusa, ellos se ocultan entre el aroma a pinos y la brisa del mar, porque se agotaron de esta vida urbana, que nada les dio, y los veo con una feliz nostalgia, porque somos pocos y debo amarlos, los veo migrar hacia un paraíso que no se cuanto pueda durar por los embates de la naturaleza, y me quedo aquí. Elegí esta vida de cemento, apegada a mis costumbres, ya no quiero más cambios, quiero seguir bailando, no quiero que el tango ni su melodía sean un recuerdo de la adolescencia, ni se conviertan en tres presentaciones con más de 100 personas, no quiero ver mis zapatos olvidados.
Y ahí estas tu. Con lo que elegí, costó mucho dar el gran paso, costó salir del nido. Pero lo hice y estoy haciendo un par de reformas dentro de mi república, estoy modificando mis propias leyes. Y otra vez estas tu. Desafiando mi loco sueño de estabilidad agitada. De estar siempre a tu lado, a veces lejos de ti. De poder besarte mucho, mucho, mucho, de encontrar en tus ojos claros ese cian profundo que se traduce en una nueva aventura.
Cada día que paso a tu lado es una nueva oportunidad para seguir conquistándote y te necesitaré mucho, por el tema de mis padres lejos de mi, recuérdalo, soy hija única, tenemos cinco años de diferencia, mido la mitad de tu cuerpo, en resumidas cuentas, soy un ente frágil y si me pierdo, que sea contigo.”
Y sí, nos perdimos, me perdió, lo perdí. En un camino pedregoso, rancio, oscuro. Letalmente sucio. Coincidiendo el momento de nuestra obvia degradación, la aparición de quien era lo que él siempre necesito en su vida. Aquella que aguardaba por la ventana, se cansó de estar en segundo plano y robó mi papel. Como yo alguna vez lo hice. Suena mejor: cambio de roles.
Habían noches en que el mordía sus puños por no poder gritar el placer que sentía y a la vez, noches en yo era lo único que sobraba en el espacio. Sólo existía él y él. ¿Dónde quedó su alter ego? ¿Acaso quiso transformarme en algo que nunca logró? ¿Se conformó con la ausencia de quien mutó a su sombra por casi 1460 días? ¿Le cuesta asumir que no me puede moldear al tipo que mujer que él necesita? ¿Acaso soy poco adiestrable? Ahora comprendo que nuestro primer encuentro fue el primer dia del invierno, la noche mas larga del año. Ahora comprendo porque me dejaste al iniciar la primavera, porque temías que con la luz del sol, florecieran las verdades.
domingo, 19 de octubre de 2008
voy a empezar por el final...
eres como el cuento de magno que me contaste entre los árboles,
son 2555 d`de diferencia y eso es lo que mas me interesa, saber cual es el olor de tus viejas sabanas, conocer en mi esas manos perfectas...
te tuve para mi una noche que no pense, en una pared de esas frias me tocaste como para que la piel se mojara,pero mis labios estaban pendientes de otro, no pudiste, me arrepiento...
ahora te sueño, te sueño aqui, te sueño en mis fotos, sometiendote a los cortos vestidos y a las enrredaderas de pantis caladas, te sueño mirandolas, mirandome... en tu cama.
UN TINTE ROJO.
pd: un beso sobre caucho.
te respondo: yo tambien queria ese beso, pero te confiezo queria mas, queria seguir allí, (esta vez tus besos si tuvieron el efecto esperado esa primera vez )queria correr hasta ese Valparaiso en Santiago que alguna vez vi desde mi cama, pero fui una dama. no se porque aveces me comporto asi?.
sin zapatos
Delfina.
Sabes que vas hacia ese lugar, nunca es una coincidencia. Es como si el mundo agendara cada paso, como si la energía creara cada instancia para llegar al mismo lugar. Porque la cama, no es un solo lugar, la cama esta en la manos, en los ojos, en el deseo... en el suelo, el baño – de cualquier lugar- , cocina y donde te encuentres.
Llegas sola y te vas sola, esa es la libertad que te otorga el enredarte en piernas que no son tuyas. Él único lugar en que el cuerpo cumple una sola función: la parte es igual al todo.
Compañeros de cama no hagan preguntas, no importa de donde vengo, ni tampoco mi nombre, ni porque me visto y me voy aunque en mi ropa queda impregnada tu esencia.
Contigo haré lo que quiero y no me negaré a tus antojos. Cállate y disfrútame
Yo voy a la cama porque al final estamos hechos de sábanas y humedad
En tu cama sólo soy para ti. Condición: no es necesario que mientas. Si estás sobre mi quieres lo mismo que yo.
Lo que en ese mar sucede la arena se encarga de guardar el secreto. Puede la luna revolver las aguas, pero siempre la cuota de reminiscencias se esconde entre las algas.