
Detiene el derramamiento y el escarmiento
de mi gente suicidada y resucitada
cada lunes de su lecho,
viviendo la vida muerta,
cantando el silencio que posee su ira,
de adentro hacia afuera,
rayando la sombra que cae bajo sus ojos,
peinando los hilos que brotan de su cabeza.
Acariciando el sueño desgastado y reciclado para toda la vida.
Pisando tus huellas, preciosa, tus huellas,
cada lunes de tu lecho.
Cuándo dejan de marcar la piel.
Se remodelan sus camisas y sus caminos.
El espacio entre su cuello y su pecho
donde encaja con amor un cráneo humano.
Cuándo se desentierran y desempolvan y redescubren
las palabras de los dieciseis años.
Cuándo se ama porque sí,
y se deja de arrastrar vacíamente
por la propia vida y la propia verdad.
Cuándo se sienta y respira...rítmicamente...?
Hoy lunes.
En tu cama parecida al ayuno
de flores bordada, lenta y rota.
En tus hijos, tus plantas, tus platos, tus murallas y sus cuadros,
para quedar un día ahí parada,
como flotando,
finalmente en silencio y mal peinada.
Ya está hecho.
Toma tu escenografía y guárdala, y no llores
porque te estaré llorando yo.
Delfina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario