domingo, 26 de septiembre de 2010

Directo Medular

Equilibrándome sobre el suelo

Para que la lluvia no me haga caer

Franca debilidad,

Esperándote en la misma esquina

esperando tu abrigo

Sintiendo mi frío

Bienvenido

te amo, sin quitarte mas

el deseo entre las manos

cae directo en tu fibra,

directo medular.

La escasa carne de mis pies

irrigada, lista para correr

al bus que me aproxima a tu proximidad.

Líquido y oscuros

tibios colores, riendo porque si

son sólo momentos.

Instante de la separación

se desliza esa saliva

yace tu sabor en mi lengua.

Al regresar , vuelves antes de llegar

quitas la húmeda coraza

acto amatorio


caemos

directo medular.

Descansa cayendo en mis brazos

relaja tus ganas de vivir

despiértame, únete a mi quietud

Llamándote al sosiego

despiértame de esta linda realidad...

¡El estruendo!

pantorrillas orinadas

la frente aguada

más abajo los ojos acuosos

las pupilas en remojo

y el corazón es zona de catástrofe

no se quien eres

no te conozco

directo medular

triste mi destino

aún no te logro hallar.


Esta noche empieza con "N"

Esta noche empieza con “n”
nudos, nada, nadie.
Negándose a sentir mis brazos
sólo sabe de mí
cinco mil pesos valgo esta noche,
reputación que a nadie le importa
mientras no abra la boca
¿O las piernas?

Dando vueltas en la esquina
deduzco que incluye TV y ducha
plena Avenida Independencia.
Mendiga, sucia, por un extraño camino
te encontré.

Adjunto sus musgosos ojos
a su cara de mujer
ajetreada cabeza,
su casa, el patio de luz
mas nuestra insípida historia oculta.

Picarte, Lastra, Pinto, Maruri
el motel,
mi noche en la pieza con N,
orgasmo enjaulado, en furia
mi tronco quebrajándose
vetas al foco artificial
con mis manos amarillentas
la delatora puerta,
y tus ganas enviciadas con mi vientre.

Produces fiebre
e tan solo evocar tu existencia
además de tus femeninos rasgos
mi fibra fácil,
mi carne en tu boca
simulando un tierno momento,
en el tálamo del motel
tumbados sin saber por qué.

Tu sobre mi
La reminiscencia en otro,
Dolorosa sensación
que tras la llamada que me trajo hasta aquí,
desapareció, como fiel llanto tras la puerta.

A las 5 de la mañana
en cuerpo gélido
ventana abierta, abiertas mis piernas,
como una puerta de iglesia
esperando a los fieles ingresar,
con la vista nublada
de tanta droga, de tanto alcohol
y tu volado ánimo,
pidiendo más de lo que ya te llevaste
un desesperado consumidor,
mi entrepiernas no da mas

¡Has gastado hasta mi nombre!


Sexo nuevamente
hazlo suave:
¿Que otro nombre puede adquirir?
Fácil, sencillo, textual.
Gemidos al cálido aire de un cuarto
nuestras manos lazadas,
la cama cruje y sus cervezas
rompiendo sus burbujas,
nuestras manos liadas.

Saltas, te mueves, me mueves,
no pares, no sigas, húndete en esta obsesión,
no te detengas
De correr en este abismo de tejidos sonoros.

No, no, no.
Como lobo lanzo este aullido,
a la parte visible de la luna, tu cara.
testigo ocular de un infidelidad,
protagonista de este crimen de carne,
autor de mi orgasmo
tutor de mis senos y de mis sueños.

Despierta, ya el liquido se ha secado
La noche yace bajo esta cama,
mi cuerpo duerme sobre el tuyo,
la ventana se abre,
se escuchan las lanzas de palabras de los comerciantes
las palomas, adoquines, los mendigos.

Lentamente abro mis ventanas,
toqué tu cuerpo sobre las sabanas floreadas,
aún estas tibio,
te note rojizo
te sentí plano, palpe lo liso que estabas
una barata fantasía:
eran tan solo cinco mil pesos sobre la puta cama
un papel que hizo desafiar mi realidad,
un volante con valor comercial
publico, como mi debut de esa larga noche
Que cesa
Cuando el sol toca los senos de la cordillera.





































Recordando, y olvidando al instante


Complejo es comenzar historias. Es tal la ornamenta perfecta que se confecciona para decorar el inicio de ese algo, que aun se desconoce el final, pero que al hallarlo las letras fluyen como lagrimas por las mejillas.

Han pasado siete años desde mis brazos envolvieron a un hombre desnudo, con piel blanca y acento argentino, lo que paso a formar parte de mi exquisita existencia. Ha pasado un año desde que mis piernas envolvieron un frágil un cuerpo oscuro, superando pruebas de distancia, confianza, lealtad. Han pasado cinco años desde que besé por primera vez a una mujer y pude tener en mis manos pechos que no eran míos y llevo una semana sin hacer el amor, sin amor.

Lo besé, a eso de las ocho de la tarde, un dieciocho de julio, entre árboles con sus perfumados céfiros y a nuestros pies, una alocada urbanidad que esperaba con locura por nuestro descenso para envolvernos en sus fuliginosas calles, para soñar con cada nuevo anochecer. Y así permanecimos 548 días. Hasta que me levanté del banco de suplentes y corría por las calles para saber noticias de aquél que dócilmente sacaba a su novia de sus manos como un guante.

Esa historia finalizó, dejando reminiscencias descomunales en la vida del resto, en su vida, que se halla grabada tras un pecho amplio y claro, en la vida de ella, que aguardaba por la ventana de su cuarto cada noche que le hacía el amor a quien fue suyo, pero que desde un momento la vida me lo prestó.

Alguna vez le dije: “Ahora que estoy tranquila puedo redactar todo. Ahora que la lluvia va enlodando los malos recuerdos, recién puedo sentarme a redactar. Desde hoy que puedo contestar pacíficamente el teléfono, puedo conservar tus mensajes como un regalo. No sé si actué muy tarde, lo hice mal, pero me siento, literalmente, como una novia que huyó de la iglesia. Sí, lo es, es divertido, siento que corro por las calles con el ramo y a veces se me enreda la cola en los pies. A veces creo que hice mucho daño, a alguien que no lo merecía –y en tu caso es similar-, pero ¿quién imaginaria que un simple virus lograría contagiarnos a tal punto de dejar atrás todo para reencontrarnos con sí mismos?

Extraño, ni en la más cursi película de amor nos semejamos a los protagonistas. Es porque somos reales, yo puedo tocar tu piel, tu puedes ver mi sonrisa, yo puedo estuchar tu voz… puedo sentirte, y ser sentida.

Así fue, aquel domingo en el cual en mi cabeza rondaba un nombre, miraba el techo… en el cielo no están las respuestas, sino en la tierra (se asemeja mucho a una frase filosófica, pero la inventé yo), en el techo no están las respuestas, ni tus manos, ni tu nombre. Sólo pendía una duda, una pequeña inquietud. A la hora siguiente, la inquietud estaba disipada. Y comenzaron los problemas. Tal vez no sea necesario que los redacte, ya que sabemos muy bien lo pedregoso de este camino. Pero ya di rienda suelta a quedarme contigo, a seguir tus ideas. A Javier lo quería, pero ya no era lo mismo de antes. Y lo sabes, la rutina me crucifica, me hierve la sangre al predecir los sucesos –al menos los cotidianos, los más obvios-, esa táctica barata de seguir el orden lógico de las cosas. Esa ideología machista y poco interesante fue colmando de vacío lo que debía progresar. Y estaba todo bien. Dentro de esa semana, agendamos almuerzos familiares, reíamos con las copas en la mano y posábamos felices para el álbum de fotos. Pero, silenciosamente desaparecía de su lado y leía tus mensajes, y alimentabas cada vez ese deseo de saber que sucedía entre nosotros.

Era algo tan especial mirar tus ojos, y no como todas las canciones de amor lo dicen “veo algo”, sinceramente, no veía nada, porque no había nada concreto. Tu con ella, yo con él, y nosotros, peor que relato de teleserie de Televisa, o algo similar, pero era tan excitante este juego, algo tan limpio, que cada vez crecía. Pero hubo un instante en que la intriga frenó. Decidí no hablarte más, decidí hacerle caso a la sociedad, y a las “buenas costumbres”, a la sencillez de mi relación, lo que mi anillo de oro me señalaba en la mano derecha.

Pero necesitaba un cambio, y realmente un cambio profundo. Él colmaba mis sitios libres, era mi entretención, un lugar para descansar, un futuro asegurado, en cuanto a estabilidad se refiere. Pero estaba yo al centro, sin saber que decir. Puedo parecer una mujer fuerte, como lo haz señalado por estos días “con carácter”, pero por dentro soy como un pez de agua fría, que al tocar sus escamas huye, sin mirar atrás, tengo un lado muy sensible que solo por estos tiempos he podido dedicarlo a la danza, a la poesía y observar lo intrascendente. Cosas que nadie nota, sentir el agua, percibir sonidos que se crean a los lejos, pero volviendo al mundo de lo material no estaba segura del más vulgar paso, era el ortocentro de una circunferencia de fuego: si intentaba escapar, me iba a quemar.

Decidí descansar sobre la idea de que podría llegar a saber algo de ti. Te prohibí, indirectamente, todo contacto, hermeticé cada agujero, para que no pudieras entrar, pero al más mínimo estímulo, es como arroz en tiempos de hambruna. Un deseo muy delicado por estar a tu lado, un deseo muy caliente, porque era algo prohibido.

Y ahí estábamos, sentados, uno al lado del otro, hablando, hablando y bla, bla, bla. Las ideas de nuestras cabezas no era lo que reflejaban las palabras. Hasta que te pregunté que hacer. Me respondiste nervioso, me pediste un abrazo. Ahí caí. Ese instante fue crucial. Simple, un abrazo. ¿A quién le basta con un abrazo? Es como una carísima joya dentro una cajita, tus brazos de hombre, tus hombros grandes, me deje caer como Alicia en su utópico país, tal vez como una gota de lluvia, que cae rendida al suelo, sin mas rumbo que esperar a que la tierra la absorba. Mágicamente, es como si todo se hubiese detenido, tu calor, tu respiración y de pronto un beso. Muy delicado para haber esperado tanto, muy suave para ser algo prohibido…

Y partimos en busca del final, me sentía como Maria de “Palomita Blanca”, con Juan Carlos en el auto. Y te fuiste por el camino largo, imagino que esperabas la luz roja, para poder acercarte, y yo esperaba que el viaje se hiciera eterno, algo así como un rapto.

Cada vez empeoraba mi relación, las peleas eran frecuentes y cada noche que le acariciaba su cabello imaginaba el tuyo, claro, rizado. Cada vez que tocaba sus manos imaginaba las tuyas, grandes, fuertes. Y al abrir mis ojos estaba frente a mi lo mismo que veía todos los días. Que me llamaba del teléfono que estaba fuera de la facultad, que a las 10 sonaba el teléfono, que el sábado me despertaba para avisarme que iba a trabajar y que antes de que llegara el fin de semana debía inventar una sustanciosa excusa para no salir con sus amigos al mismo bar rancio heterosexual de siempre. Pero ese beso fue decisivo, fuiste tu quien hizo cambiar mi postura y cruzar el fuego. Abrir mis espacios, colmarlos de mi, priorizar mis actividades, llamar a viejos amigos, preocuparme de mi familia, estar en casa. Y debo hacerlo, ellos pronto marcharan a vivir lejos de mí y de mi ambiente. Mientras me muevo en la humedad de la ciudad, ellos estarán trabajando la tierra y disfrutando del bosque, de la laguna y del esplendor del mar. Mientras progreso y trabajo cada día por lograr mis sueños y sentir el placer de realizarlos, sentir como quien va sobre el carrito hacia la cúspide de una montaña rusa, ellos se ocultan entre el aroma a pinos y la brisa del mar, porque se agotaron de esta vida urbana, que nada les dio, y los veo con una feliz nostalgia, porque somos pocos y debo amarlos, los veo migrar hacia un paraíso que no se cuanto pueda durar por los embates de la naturaleza, y me quedo aquí. Elegí esta vida de cemento, apegada a mis costumbres, ya no quiero más cambios, quiero seguir bailando, no quiero que el tango ni su melodía sean un recuerdo de la adolescencia, ni se conviertan en tres presentaciones con más de 100 personas, no quiero ver mis zapatos olvidados.

Y ahí estas tu. Con lo que elegí, costó mucho dar el gran paso, costó salir del nido. Pero lo hice y estoy haciendo un par de reformas dentro de mi república, estoy modificando mis propias leyes. Y otra vez estas tu. Desafiando mi loco sueño de estabilidad agitada. De estar siempre a tu lado, a veces lejos de ti. De poder besarte mucho, mucho, mucho, de encontrar en tus ojos claros ese cian profundo que se traduce en una nueva aventura.

Cada día que paso a tu lado es una nueva oportunidad para seguir conquistándote y te necesitaré mucho, por el tema de mis padres lejos de mi, recuérdalo, soy hija única, tenemos cinco años de diferencia, mido la mitad de tu cuerpo, en resumidas cuentas, soy un ente frágil y si me pierdo, que sea contigo.”

Y sí, nos perdimos, me perdió, lo perdí. En un camino pedregoso, rancio, oscuro. Letalmente sucio. Coincidiendo el momento de nuestra obvia degradación, la aparición de quien era lo que él siempre necesito en su vida. Aquella que aguardaba por la ventana, se cansó de estar en segundo plano y robó mi papel. Como yo alguna vez lo hice. Suena mejor: cambio de roles.

Habían noches en que el mordía sus puños por no poder gritar el placer que sentía y a la vez, noches en yo era lo único que sobraba en el espacio. Sólo existía él y él. ¿Dónde quedó su alter ego? ¿Acaso quiso transformarme en algo que nunca logró? ¿Se conformó con la ausencia de quien mutó a su sombra por casi 1460 días? ¿Le cuesta asumir que no me puede moldear al tipo que mujer que él necesita? ¿Acaso soy poco adiestrable? Ahora comprendo que nuestro primer encuentro fue el primer dia del invierno, la noche mas larga del año. Ahora comprendo porque me dejaste al iniciar la primavera, porque temías que con la luz del sol, florecieran las verdades.

Aún queda en mis orejas el vaho que emana su boca cuando alcanzaba un orgasmo, conservo las manos moldeadas en sus hombros que nunca descubrí enteros.

Conservo el sonido del teléfono, conservo el tango que jamas aprenderá a bailar. Mantengo en mis entrañas su brebaje infinito, que va debilitándose con el paso de las horas. Aguardo en mis recuerdos las arrugas que componían sus ojos y cada fracción de su blanca entidad, porque talvez aún no comprendo que esta noche la cuota de besos sea en negativo y pienso en nuestra historia, que más bien es un ensayo, que nunca terminó, porque jamas comenzó bien.

Estuvimos frente al mar, caminábamos desnudos por el cuarto, guardo con recelo sus fotos en las que aparece desnudo, soñábamos con los mismos colores, divagábamos en la misma sintonía, adivinábamos el pensamiento del otro, proyectábamos la vida en una sola ruta, fumábamos carentes de ropa viendo como el mar se tornaba azul con la aparición del sol, nos besábamos como si dentro de nuestros cuerpos estaba el antídoto hallar la vida eterna. Estábamos tensos uno al lado del otro. Y si caóticamente enumero cada finísimo detalle de nuestra historia y cada frase tiene un matiz netamente sexual es porque eso es lo que hacíamos con voraz apetito, y lo que tristemente más se asemejaba al amor.

Quedan tres días para ver si realmente existe el amor, porque no quiero pensar en el detalle químico que se le otorga. No quiero creer que si los niveles de oxitocina están bajos, la relación se acaba. Sí, te veré este viernes, el último día de la semana, el primer día de un nuevo capítulo en nuestras vidas, que me encargaré de escribir.

Tengo en mi mente sus imágenes, los gestos que hace frente a una cámara, su pelo revuelto un poco oscuro, el acento de su apellido italiano, su talento en la cocina, su creatividad. Aun no me conoce, pero yo ya lo he visto desnudo. Tirándonos escupos luego de hacer el amor, llegando tarde a la cena de navidad, juntando dinero entre los dos para ir a beber algo, buscando un teléfono muy tarde, y entre la lluvia lograr comunicarme con él. Que baile desnudo con mi ropa puesta. Que al besarme, intente pellizcar mi cabeza. Que sea lo único que me distraiga a la hora de bailar.

Aun no me conoces, pero ya te veo desnudo, mostrándome y dejando al aire la más sabia creatividad que tuvo la naturaleza para implantarte en este planeta, y ya te amo, sólo porque serás el próximo. Apareces en mis videos como un protagonista, como un sueño, como ilusión mundana. Como el siguiente en mi historia.

Algo es algo

¿Y si caigo nuevamente? ¿ Por qué decir "caer"? ¿Acaso no es plenitud?
Abre tus brazos, abre tu pecho, y abriré mi vida
A esta nueva oportunidad, que tu me has dado.